Oro solar
Dentro de la personas existe una poderosa fuerza nutridora y expansiva que se rige de la misma forma que se suceden la siembra y la cosecha. Alimentar y sostener esta fuerza requiere de una sensibilidad y una delicadeza exquisitas.
Muchos hombres, criados y educados para existir desde la dureza y la fuerza bruta, viven ignorando esta corriente que fluye bajo la piel.
La deconstrucción de la masculinidad pasa por una destrucción absoluta: de equilibrios dañinos, de los privilegios, de los muros infranqueables, de la rigidez y del aislamiento. Luego viene una escena: un labriego sentado en una tosca mesa de madera separando las semillas sanas de las enfermas. Mientras lo hace, canta una canción de campo. Quizá la voz esté rota, ronca o desentonada, pero pone mucho corazón y eso compensa.
Luego vendrá la siembra, la tierra habrá de ser regada con las lágrimas y los fluidos y luego, a finales del equinoccio de primavera, el campo será un trigal dorado inabarcable a la vista, y con ese grano se hará un buen pan que dará de comer a toda la comunidad, alimentando las bocas de los padres y los hijos.
Dentro de la personas existe una poderosa fuerza nutridora y expansiva que se rige de la misma forma que se suceden la siembra y la cosecha. Alimentar y sostener esta fuerza requiere de una sensibilidad y una delicadeza exquisitas.
Muchos hombres, criados y educados para existir desde la dureza y la fuerza bruta, viven ignorando esta corriente que fluye bajo la piel.
La deconstrucción de la masculinidad pasa por una destrucción absoluta: de equilibrios dañinos, de los privilegios, de los muros infranqueables, de la rigidez y del aislamiento. Luego viene una escena: un labriego sentado en una tosca mesa de madera separando las semillas sanas de las enfermas. Mientras lo hace, canta una canción de campo. Quizá la voz esté rota, ronca o desentonada, pero pone mucho corazón y eso compensa.
Luego vendrá la siembra, la tierra habrá de ser regada con las lágrimas y los fluidos y luego, a finales del equinoccio de primavera, el campo será un trigal dorado inabarcable a la vista, y con ese grano se hará un buen pan que dará de comer a toda la comunidad, alimentando las bocas de los padres y los hijos.
Dentro de la personas existe una poderosa fuerza nutridora y expansiva que se rige de la misma forma que se suceden la siembra y la cosecha. Alimentar y sostener esta fuerza requiere de una sensibilidad y una delicadeza exquisitas.
Muchos hombres, criados y educados para existir desde la dureza y la fuerza bruta, viven ignorando esta corriente que fluye bajo la piel.
La deconstrucción de la masculinidad pasa por una destrucción absoluta: de equilibrios dañinos, de los privilegios, de los muros infranqueables, de la rigidez y del aislamiento. Luego viene una escena: un labriego sentado en una tosca mesa de madera separando las semillas sanas de las enfermas. Mientras lo hace, canta una canción de campo. Quizá la voz esté rota, ronca o desentonada, pero pone mucho corazón y eso compensa.
Luego vendrá la siembra, la tierra habrá de ser regada con las lágrimas y los fluidos y luego, a finales del equinoccio de primavera, el campo será un trigal dorado inabarcable a la vista, y con ese grano se hará un buen pan que dará de comer a toda la comunidad, alimentando las bocas de los padres y los hijos.
Oro solar
Obra original ☽
Tamaño 42,5 x 30,5 cm
Técnica mixta
Papel artesanal 300gr